30 de mayo de 1961, martes. Ciudad Trujillo (hoy
Santo Domingo de Guzmán)
En la estancia de Radhamés
Era la casa de Trujillo, donde ahora está
la Plaza de la Cultura Juan Pablo Duarte, en la
avenida Máximo Gómez y Báez. El teniente Amado García
Guerrero llega en su papel de vigilancia para ubicar al
tirano. En su condición de Primer Oficial Escolta y
Ayudante de Campo de Trujillo tenía libre tránsito. Ese
día no le tocaba servicio. Aún así, inventa una disculpa
al encontrarse con el capitán Zacarías de
la Cruz.
Tte. Amado (preguntándole a otro
oficial): Sargento, ¿ha visto al capitán Zacarías?
Sargento: Sí señor, está revisando los carros.
Zacarías: ¡Teniente García! Buen día. ¿Qué se le ofrece?
Tte. Amado: ¡Buenos días, Capitán! Eh, yo apenas pasaba…
Zacarías: ¿Hoy no es su día libre?
Tte. Amado: Sí, sí, sí. Así es… Pero, primero está el
deber. Usted sabe…
Zacarías: Teniente, usted está muy cumplidor…
Tte. Amado: Sí señor. El Jefe se merece toda nuestra
dedicación, mírelo a usted preocupado con los vehículos
del Jefe…
Zacarías: ¡Uuuh! ¿Qué usted quiere, teniente?
Tte. Amado: Nada capitán, por Dios… Bueno, usted sabe
que en mi día libre me gusta irme con mi muchacha a
pasear por
la Avenida, y no me gustaría que el
Jefe me viera por ahí. ¿El irá por ahí hoy?
Zacarías: Bueno, usted sabe que él dá su caminaita por
la Máximo Gómez
hasta
la Avenida a eso de las siete de la
noche. Pero fíjese que hoy quiere ir a San Cristóbal y
mandó a preparar este carro.
Tte. Amado: ¿El Chevrolet Belair?
Zacarías: ¡Unjú! A mí me gusta más este Chevrolet que
los nuevos que han traído, ojalá que me lo deje cuando
no lo quiera más. Pero, aproveche su día teniente.
Tte. Amado: Sí, sí, sí… Primero voy a adentro a beber un
poquito de agua.
Los dos oficiales se despiden. Amadito entra a la casa
de Trujillo. Ya en la sala, pide un vaso con agua. Se
acerca al teléfono e intenta comunicarse. Llama y suena
‘ocupado’. Lo intenta dos veces y da ‘ocupado’. Comienza
a impacientarse, mira el reloj, y un sargento llega con
el agua.
Sargento: Mire teniente, aquí está el agua. ¿Qué le pasa,
no le contestan?
Tte. Amado: Está ocupado, debe ser mi tía que cuando
habla por teléfono no lo suelta. Déjeme intentarlo otra
vez, tengo que decirle que voy a comer a las doce… ¡Ah!
Tía soy yo Amadito… ¡Amadito! Sí, fíjate que voy a
comer, pero una cosa muy ligera, estoy por aquí en la
casa del Jefe. ¡Ah! Dile a tío Antonio que la muchacha
de que le hablé va esta noche, sí, sí, va hoy martes, a
la misma hora de siempre, no será mañana, ve preparando
las cosas que ella se va a llevar, un chofer la va a
llevar, pero nada más va ella…
Del otro lado de la línea su interlocutor era Antonio de
la Maza, que
estaba recibiendo el mensaje en claves.
8:30 a.m. En la casa de Antonio de
la Maza
Antonio cuelga el teléfono y continúa la conversación
con sus hermanos Ernesto y Pirolo. Luis Manuel Cáceres
Michel (Tunti) acaba de llegar.
Antonio: Ese era Amadito. El asunto será hoy. Dice que
el señor ese viaja esta noche para San Cristóbal.
Ernesto: Coño, pero llevan tres semanas diciendo lo
mismo.
Pirolo: Bueno, yo me cansé de esperar, yo estoy que
donde lo vea le tiro…
Antonio: Váyanse para Moca ahora con Tunti y preparen
todo para el sábado con to’ lo ‘jierro’ que ustedes
tengan allá…
Tunti: ¿Pero cómo es eso de que yo me vaya para Moca?
No, no, no… yo me quedo contigo…
Antonio: Pero qué vaina ésta. Tunti, has lo que yo te
digo. No me contraríes. Eso déjamelo a mí.
Tunti: ¿Gumarra, es quién va a manejar?
Antonio: ¡Qué jodienda! Tunti, vete con los muchachos
para Moca. A Gumarra yo le tengo otra tarea de sacarme a
doña Aída y a Lourdes de la capital…
Ernesto: Estate quieto, Tunti, en tu lugar van a poner a
Imbert Barreras a manejar el carro de caza.
Tunti: ¡Ah, bueno! No, si es así está bien. Ese tiene
cojones y sabe tirar.
Antonio: Ya váyanse, que tengo que reunir a los otros.
Desde ese momento Antonio de la Maza estuvo preparando los
vehículos y las armas, hizo algunas llamadas y procuró a
cuantos pudo de los conjurados en el complot.
11: a.m. En la casa de Juan Tomás Díaz
Luis Amiama Tió llega a la casa. Antonio de la Maza acaba de salir. Se reúne
con Juan Tomás Díaz.
Tió: ¿Qué tal? Vi a Antonio saliendo ahora mismo…
Juan Tomás: Por ti estaba preguntando y se quejaba de
que tú no estás cumpliendo con tu parte del plan. ¿Es
verdad que tú no has ido los miércoles a la casa de Pupo
Román?
Tió: ¿Me lo dices o me lo preguntas?
Juan Tomás: Te lo pregunto.
Tió: Cuando ustedes me han avisado, yo paso por la casa
de Pupo, a veces no entro y sólo me cercioro de que esté
allí. Tú sabes que esa casa es vecinita de la de
Trujillo. Yo no quiero levantar sospechas. Además, las
veces que he estado ahí, Pupo se pone insoportable,
preguntando qué cómo es el plan, que cuándo se hará;
está muy nervioso con eso…
Juan Tomás: Ah, entonces Antonio tiene razón, tú no te
plantas en la casa de Pupo, tú pasas y a veces entras…
Tió: Juan Tomás, yo soy un hombre muy serio, y si te
digo que estoy cumpliendo con mi parte puedes escribirlo
y jurarlo. Lo que pasa es que yo tengo mi forma, yo no
puedo estar metío el día entero en casa de ese hombre,
además su esposa Mireya se vive quejando de todas las
ingratitudes, injusticias y no sé cuantas cosas más que
se hacen en contra de su tío, el Jefe.
Juan Tomás: Qué tú decías de Pupo, de eso de que estaba
nervioso… ¿Pero nervioso de qué?
Tió: Tú sabes lo que pasa, que como él se ve con
Trujillo todos los días, y Trujillo hablando de que
tiene informes de gente que lo quieren matar… Pupo hasta
siente que Trujillo sospecha de él, que lo mira
atravesao. En estos días me dijo que ya Trujillo le
había resuelto un problema que tenía en el Banco
Agrícola…
Juan Tomás: Sí, ya sabemos de eso. Trujillo pagó una
deuda de Pupo con el banco de más de 100 mil pesos.
Pero, ¿qué tu quieres decir con eso, o sea, no será que
ahora está con remordimiento…?
Tió: No creo. Mira, lo que pasa es que dice que no
aguanta más esta situación, que si se va a definir, que
sea ya…
Juan Tomás: El primero que quiere que se defina soy yo,
que llevo más de veinte años con eso en atravesao en la
garganta. Si fuera por mí ya habríamos salido de los
Trujillo, esos malditos abusadores. A Pupo que se
aguante. ¿Tú no le has dicho nada de cómo va a ser la
acción?
Tió: ¡Claro que no! Yo le cambio el tema, ahora él sabe
que actúa sólo cuando yo le dé la señal, pero
despreocúpate que esa parte de la ejecución él no sabe
exactamente cómo será.
Juan Tomás: Ahora oye bien, Miguel Angel me acaba de
llamar.
Tió: ¿Báez Díaz? Pero yo lo acabo de ver saliendo de la
casa de Trujillo…
Juan Tomás: Pues parece que fue de ahí que llamó, porque
no hace ni 30 minutos que llamó por teléfono para
decirme que el Jefe va hoy, y no mañana, así que tú
debes estar en sobreaviso con eso y pegártele a Pupo.
Tió: Coño, eso cambia muchas cosas, porque esto se hace
los miércoles…
Juan Tomás: Bueno, pero se hará hoy, ya Antonio está
avisando a su grupo, si Dios quiere esta vaina se
termina hoy. Así que hay que avisar a Angel Severo
Cabral para que esté pendiente con lo de la proclama con
la grabación anunciando el golpe de Estado.
Tió: No sé, a mí me parece que nos estamos apresurando
mucho…
Juan Tomás: Luis, pero y cómo son las cosas… No es como
uno quiera, sino como vengan. Bueno, pero ya tú lo sabes
y lo único que tienes que hacer es pegártele a los
ruedos de Pupo.
Tió: ¿Quiénes están informando todos los pasos de
Trujillo?
Juan Tomás: Miguel Angel y Amadito. ¿Por qué?
Tió: No, no, no. Por nada. Bien yo voy a darme una
vuelta por donde Severo Cabral y luego paso por donde
Pupo.
Juan Tomás: Llámame después que veas a Pupo o pasa por
aquí, yo no voy a salir.
1:00 p.m. Casa de Modesto Díaz
Miguel Angel Báez Díaz acaba de llegar a la
casa de Modesto Díaz.
Modesto: ¿Hablaste con Juan Tomás?
Miguel Angel: Anjá, hablé con él por teléfono. Amadito
se quedó en la casa de Trujillo. ¿Y qué hay de Antonio y
su grupo?
Modesto: Juan Tomás me acaba de decir que hoy hay poca
gente avisada y que los otros hermanos De la Maza se están preparando en Moca.
Miguel Angel: El Jefe va a un acto para allá en estos
días.
Modesto: Pues parece que ahí lo van a agarrar.
Miguel Angel: Si es que hoy no se lo tiran en la Avenida.
Modesto: ¿Pero tú te fijaste bien si va
hoy? Porque eso está bien raro.
Miguel Angel: Amadito me dijo que el capitán Zacarías
está preparando el viaje para esta noche. Yo mismo
confirmé que Trujillo mandó un mensaje para alguien, no
sé quién, que deben encontrarse esta noche en la Casa de Caoba. Además, el mayordomo le
tiene preparado su traje militar verde-olivo. En su
agenda, lo de siempre, caminar por
la Máximo Gómez al anochecer.
Modesto: Exacto.
Miguel Angel: Hoy voy a tener más tiempo, y cuando
Amadito salga esta tarde yo me quedo junto al Jefe. Eso
está combinado. Cualquier cosa yo mismo bajaré adonde
Antonio y los muchachos, como siempre.
5:00 p.m. En casa de Trujillo
El reloj de péndulo marca las cinco de la
tarde. El teniente Amado García Guerrero está atento a
todos los movimientos de Trujillo. Este aparece en el
umbral de la sala encontrándose con el teniente Amado,
quien acto seguido le hace el saludo militar. Trujillo
viste traje militar verde-olivo. Amadito percibe el
significado de aquella vestimenta y dice para sí mismo:
“Es seguro que va para San Cristóbal. Tengo que avisar”.
Trujillo era meticuloso y previsible en esos detalles,
pues siempre usaba aquel tipo de uniforme militar
verde-olivo en su viajes a
la Casa de Caoba, su casa de campo en
San Cristóbal, ciudad distante a unos
30 kilómetros y donde naciera el
24 de octubre del 1891, allí en su pueblo natal creció
con el apodo de “Chapita”.
Trujillo: ¿Teniente, qué hace usted aquí? ¿No es su día
libre?
Amadito: Sí, jefe. Pero ya me voy.
Pasadas las cinco de la tarde ya el grupo de acción
estaba en alerta, a la espera de los informantes claves,
Miguel Angel Báez Díaz y el teniente Amado García
Guerrero.
6:00 P.M. En casa de Antonio de
la Maza
Antonio acaba de entrar a su casa.
Recibe algunos mensajes dejados por Amadito y Miguel
Angel.
Aida: Antonio, pero este teléfono no para de para tocar…
Amadito y Miguel Angel llamaron varias veces, dicen que
un ingeniero va a venir esta noche y que tú sabes quién
es, esos dos están con un misterio…, llaman y ni
saludan… ¿Qué ingeniero es ése que viene para acá?
Antonio: Ah, no te preocupes por eso. ¿Dónde está
Gumarra?
Aida: Donde tú lo mandaste. ¿No te acuerdas las
diligencias que lo mandaste a hacer?
Antonio: Ah, sí, sí, sí. Dame algo, que tengo la boca
seca. Déjame llamar a Bissié.
Antonio logra comunicarse con el joven español Miguel
Angel Bissié, quien en esos días guardaba algunas de las
armas preparadas para la emboscada al tirano. Y en ese
instante llega Luis Pedro Taveras Liz, alias Gumarra, su
chofer.
Antonio: ¿Eres tú, Bissié? Ven ahora mismo para acá con
el carro y las herramientas. Sí, ya sé que hoy es
martes, cambiaron los planes. Date rápido. Pero ya.
Ah, Gumarra, tú no me salgas de aquí ahora. ¿Ya hiciste
el encargo?
Gumarra: Sí señor, todo lo que mandó. Pasé por donde
Ovín Filpo, pero no había nadie en la casa.
7:00 p.m. En casa de Salvador Estrella Sadhalá
Llegan, casi al mismo tiempo, Antonio Imbert Barrera y
el teniente Amado García Guerrero, luego se presenta
Antonio de la Maza.
Antonio: Por fin, ¿va o no va hoy?
Amadito: Hasta ahora todo indica que va. Hace una hora
lo vi vestido de verde-olivo y le tenían listo el carro
Chevrolet con el que siempre va a San Cristóbal. Ahora
mismo tiene que estar haciendo su caminata por
la Gómez.
Imbert: Yo lo acabo de ver.
Sadhalá: ¿Y cómo será el grupo hoy?
Antonio: Con los que estén. Nosotros cuatro hiremos en
el carro de caza. Imbert, quiero que tú te encargues de
manejar. Amadito, tú irás con la M-1.
Amadito: ¿Y tus hermanos?
Antonio: Están en Moca. Acabo de hablar con Huáscar, él
va a buscar a Pedro Livio, creo que Fifí Pastoriza está
avisado.
Sadhalá: Acabo de hablar con él y le dije que lo mejor
es que se fuera para tu casa. Me preguntó por Bibín
Román (hermano de Pupo Román).
Antonio: ¿No lo viste, Amadito?
Amadito: Tenía que esperarlo para poder hablarle, así
que mejor vine rápido para acá.
Sadhalá: Oye Antonio, ¿no es mejor que nos aseguremos de
que vaya una buena cantidad de nosotros? Somos muy
pocos…
Antonio: Mira Salvador, si tú tienes dudas mejor te
quedas…
Sadhalá: No lo cojas por ahí, que no es nada de eso.
Imbert: Es para estar bien seguros, Antonio.
Antonio: Ah, no, no, no. Nada de apendejearse. Ya yo lo
dije, hasta solito voy yo a ajusticiar a ese señor. Así
que el que quiera quedarse que se quede. Y tú Amadito,
¿también te estás apendejeando?
Amadito: Coño, Antonio no me digas eso. Aquí toditos
estamos igualitos que tú.
Antonio de
la Maza se monta en el carro al
volante. Imbert abre la puerta en disposición de él
manejar y con un ademán le dice a Antonio que se eche a
un lado. Antonio lo mira y resuelve pasarse al lado
derecho, dejándole el volante a Imbert. Amadito entra
atrás. Salvador Estrella Sadhalá se monta en su vehículo
Ford Mercury y sigue al carro de caza. Instantes después
pasan por la casa de Huáscar Tejeda y ven cuando Roberto
Pastoriza llega.
7:30 p.m. Portal de la casa de Huáscar Tejeda
Antonio: Oigan, pasen por donde Ovín y vean si está,
acuérdense de las herramientas. Nos vemos en mi casa.
Fifí, móntate tú con Salvador que viene ahí atrás. ¿Qué
hay de Pedro Livio?
Huáscar: Ya está avisado. Debe estar en tu casa.
Antonio: Bien. No pierdan tiempo, dénse rápido.
7:40 p.m. En
la Avenida Máximo
Gómez
Trujillo está volviendo de su caminata. Al mismo tiempo
va atendiendo a varias personas que se presentan para
hablar con él. Entre ellos va Miguel Angel Báez Díaz y
oye cuando Trujillo le dice a un funcionario del
régimen: “Tráteme eso mañana cuando yo regrese de San
Cristóbal”. Miguel Angel mira su reloj de pulso marcando
las 7:40 pm, y se desvía por una de las calles buscando
llegar pronto a un teléfono para llamar al grupo de
acción.
8:00 p.m. En casa de Antonio De
La Maza
Un apartamento ubicado en un edificio
de la calle Angel Perdomo, entre Caonabo y Bolívar, en
Gazcue. En el parqueo del edificio de seis apartamentos
se van estacionando los vehículos. Antonio sube a su
casa a buscar parte de las armas. Cuando viene bajando
se encuentra con Miguel Angel Bissié.
Bissié: Buenas noches, señores (los del grupo saludan
con un ademán). Señor Antonio, ahí le traigo el pedido.
Antonio: ¿Dónde está?
Bissié: Las M-1 y una de las escopetas están en el baúl.
Los cartuchos también. El 38 está en la gaveta, alante.
Antonio: Mira, Bissié. Te voy a encargar de una cosa muy
seria. Si fallamos ya sabes lo que tienes que hacer.
Acuérdate que debes llevar a doña Aida y mi hija Lourdes
por la frontera de Dajabón. Allá debes buscar al general
García Urbáez.
En ese instante llega Huáscar con la caja de
herramientas.
Antonio: ¿Huáscar, qué pasó con Ovín?
Huáscar: No ha llegado, así que me traje la cuestión.
Antonio: ¡Qué vaina! Ah, Mira, llegó Pedro Livio, bueno
la cosa mejora.
Imbert: Yo pienso que ese españolito es muy muchacho
para tanta responsabilidad.
Amadito: Bueno, las responsabilidades son las que hacen
del muchacho un hombre.
Pedro Livio: Bueno, aquí estoy yo. ¿Y los otros, dónde
están?
Sadhalá: Contigo somos siete, hasta ahora. Ovín está
fuera de la ciudad.
Antonio: ¿Pedro Livio, qué arma tienes ahí?
Pedro Livio: Es la 45 de Juan Tomás. Oigan cuando venía
para acá alcancé a ver a Trujillo, ya iba subiendo por
la Gómez y lleva puesto el traje
militar verde-olivo.
Antonio: Oye Salvador, vamos a necesitar tu carro.
Sadhalá: No hay problema. ¿Quién se va en él?
Antonio: Allá te digo. Ya vámonos, señores.
8:00 p.m. En casa de Trujillo
El dictador convida al general Pupo Román a acompañarlo
a la base aérea de San Isidro, distante 25 kilómetros.
Trujillo: Quiero enseñarte unas vainas que están
pasando. ¡Me tienen harto con esas pendejadas!
¡Zacarías, a San Isidro!
La escena es presenciada por Miguel Angel Báez Díaz.
Acto seguido abandona el lugar en un carro oficial
manejado por un militar, y se dirige a la Feria.
Miguel Angel: ¡Rápido, cabo!
8:05 p.m. En la feria de la paz (hoy Centro de
los Héroes)
En una de las calles, entre el teatro Agua y Luz y donde
hoy está el Maunaloa, estaban estacionados los
conjurados en los tres vehículos. Era la cuarta vez que
lo hacian, los días anteriores de ese mes fueron el 10
el 17 y el 24, siempre miércoles, pero ese día era
martes. Antonio empezaba a dar las instrucciones cuando
aparece Miguel Angel Báez Díaz.
Miguel Angel: Señores, qué bueno encontrarlos. ¡Antonio,
por fin te veo! El amigo mío, el ingeniero de que te
hablé, va a ir esta noche a tratar lo de la madera.
Espéralo, que es seguro que viene con su chofer.
Señores, que pasen buenas noches y suerte…
Antonio: Miguel Angel, necesito que cualquier cosa me la
digas, tú sabes cómo está esto, ya la hora es para que
viniera…
Miguel Angel: Lo que pasa es que él fue donde su mamá de
aquel lado, pero viene seguro. ¡Bien, Adios! (se aleja).
Antonio: Bueno, esa es la señal. Parece que el hombre
anda por San Isidro. Bueno, Amadito, como te dije, tú
llevas la M-1. Falta la otra escopeta, así
que yo me quedo con ésta. ¿Pedro, y la pistola de Juan
Tomás?
Pedro Livio: Aquí está, también tengo la 38.
Antonio: Imbert, tú toma ésta, la 45. Pedro Livio, hazte
cargo de la carabina M-1, nada más hay dos.
Amadito: Que Salvador se quede con esa 38, ¿cuántas
balas tienes?
Sadhalá: 50, más o menos.
Pastoriza: Yo tengo
la Luger y dos
peines extras.
Huáscar: Yo la Smith and Wesson, con balas
suficientes.
Antonio: El plan de hoy es así: En el carro de caza
vamos yo, Imbert manejando, y Amadito y Salvador atrás.
En el Segundo carro, Huáscar manejando y Pedro Livio con
la M-1 al lado. Y en el tercer carro,
tú solito Fifí… Ya tú sabes que no debes dejarlo
escapar, te le tiras arriba…
Fifí: De eso no te preocupes, aunque me mate en el
choque, total de aquí no sale vivo.
Amadito: Antonio, que Imbert se acuerde de lo que tiene
que hacer con las luces.
Imbert: Ya yo sé, tres cambios…
Antonio: Espérate ahí, Imbert. No son cambios. Tú apagas
y enciendes las luces, y cuentas mentalmente uno, dos y
luego enciendes y vuelves y haces lo mismo, para que
Huáscar vea bien que somos nosotros, él no se mueve sin
esa clave.
Imbert: Sí, sí, sí… Ya está grabado. No hay problema. No
son cambios de luces, sino apago y enciendo lentamente.
Ok. Ok.
Huáscar: Imbert, acuérdate que nosotros estamos frente a la Feria Ganadera.
Antonio: Eso no puede fallar. Tú haces
los cambios cuando estemos llegando a la posición de
ellos. Tres veces. ¿Entendido? Ok. Otra cosa, para que
esté todo bien claro. Los tiradores aquí somos el
teniente Amado García Guerrero y yo. Pedro Livio sólo
tirará en caso de que Amadito y yo fallemos. Los otros
son retaguardia. Oigan bien, no quiero que nadie más
tire, hay que evitar que nos matemos unos con otros por
un error pendejo.
Amadito: Por supuesto, y yo o Antonio, cualquiera de los
dos que caiga… al que le quede atrás tiene que tirar
pa’lante.
Antonio: Fifí, a propósito, tú tienes que estar alerta,
tu estarás solo.
Sadhalá: Fifí, es mejor que dejes encendido el motor,
por si las moscas…
Fifí: ¿Pero pasa algo con el encendido?
Sadhalá: Es que un amigo mío tiene uno igualito y el
encendido está fallando mucho….
Antonio: Bueno, bueno, Fifí déjalo encendido, llévate de
Salvador, que es el dueño. ¿Está con suficiente
gasolina?
Sadhalá: El tanque está lleno.
Antonio: Bueno, terminemos con esto, a sus posiciones.
Eran las 8:30 de la noche. La suerte estaba echada. Los
tres vehículos toman posición.
8:40 p.m. En casa de Trujillo
Miguel Angel Báez Díaz cambió de vehículo, uno de los
denominados “cepillos”, y entró a la Estancia Radhamés
manejándolo. Trujillo no había llegado a su casa.
Miguel Angel: Hey, cabo, ¿el Jefe no ha vuelto de San
Isidro?
Cabo: Aquí no, señor. Pero llamaron del Palacio avisando
que el Jefe estaba allá.
Miguel Angel: ¿Qué usted sabe de su viaje a San
Cristóbal?
Cabo: El carro ya está listo, se va en ése…
Se refería al Chevrolet Belair, modelo 57, azul pálido,
de cuatro puertas con unas cortinas azules en el vidrio
trasero, de bandas blancas en los neumáticos.
Exactamente el carro que Zacarias estaba verificando en
la mañana de ese día y el mismo que el teniente Amado
García Guerrero había visto y confirmado como el
vehículo en que el tirano se desplazaba a San Cristóbal
y a paseos solitarios. En ese momento llega Trujillo
acompañado del general Pupo Román. El tirano estaba
sumamente molesto.
Trujillo: Pupo, no defienda a esos malagradecidos,
vagos. ¡Ah, carajo! Yo soy muy viejo en esto. Pero yo
sé, yo lo veo en la mirada, hay mucha gente conspirando
para quitarme y ponerse ellos. Y de seguro que se están
apoyando en los norteamericanos, por eso fue que saqué
de aquí a ese embajador yanqui que vivía murmurándome.
Pupo: Jefe, si alguien estuviera conspirando, digamos
alguien con fuerza, ya lo sabríamos, esto es muy
chiquito y el pueblo le es leal.
Trujillo: En esa gente es que yo creo, después, coño. No
es cualquiera que tiene cojones para enfrentárseme. Que
esperen a que me muera, cuando yo quiera…
Pupo: Jefe, usted es el Benefactor de
la Patria, nadie quiere su muerte…
Trujillo: Yo digo que en este país nadie ha hecho más
que yo y, carajo, siempre aparecen los ingratos. El
único que se puede comparar conmigo es Lilís, después
todos fueron mierda, y después de mí más mierda. Aquí
todo está hecho. Mire Zacarías, ¡prepare todo que nos
vamos para San Cristóbal! Pupo, dígale al coronel Marcos
Moreno que no quiero a nadie detrás de mí, que se quede
la escolta. No quiero volver a decirle lo mismo.
Dos semanas atrás se habían suspendido la vigilancia y
escolta del dictador por orden de él mismo. Aún así, el
coronel Marcos Moreno, quien era el jefe de la escolta,
mantenía una vigilancia discreta del tirano, secundado
por el SIM y otros servicios secretos dirigidos por el
general Arturo Espaillat, conocido como ‘Navajita’.
Miguel Angel sale disparado del estacionamiento y al
salir a
la Gómez
dobla hacia el Malecón y luego en dirección a la Feria.
9:00 p.m. En la feria de la paz
Miguel Angel Báez Díaz llega al sitio donde se encuentra
Antonio de
la Maza y sus compañeros, quienes al
ver el ‘cepillo’ toman precaución, pues creen que se
trata del SIM, ya que era el tipo de vehículo usado por
el temible servicio secreto de la tiranía. Pero desde su
interior sale una voz familiar.
Miguel Angel: Soy yo, Báez Díaz.
Antonio: Coño, si no hablas rápido te tiro. ¿Viene el
hombre?
Miguel Angel: Pasa en cualquier momento. Y va a pasar
por aquí, es seguro. Viene en el Chevrolet Belair, el
azulito…
Amadito: ¿El modelo 57, de cuatro puertas, con bandas
blancas en las gomas?
Miguel Angel: Sí, Amadito, bueno tú lo conoces. Es ése.
Es seguro. ¿Y los otros carros?
Imbert: Ya están en sus posiciones.
Miguel Angel: Bien. Entonces me voy. En cualquier
momento pasa. Dios está con ustedes.
Sadhalá: Contigo también, Miguel Angel. ¡Que Dios te
bendiga!
9:15 p.m. En la feria ganadera
Huáscar Tejeda y Pedro Livio Cedeño permanecían dentro
del Oldsmobile. El vehículo fue estacionado después de la Feria Ganadera, donde termina
la línea de faroles de luz de la autopista, y con el
frente hacia la capital. La vía no presentaba entonces
la división de árboles que hoy tiene, así que la
visibilidad era ideal. Al colocar el carro del lado
contrario no levantaba sospechas.
Pedro Livio: La noche está clara, más clara que nunca.
Ya son las nueve y quince, ¿qué horas tú tienes,
Huáscar?
Huáscar: En el mío son las nueve y diez. Si en una hora
no pasa, se jodió lo de hoy. Entonces será en Moca.
Pedro Livio: Me preocupa Fifí Pastoriza.
Roberto Pastoriza Neret había llevado el Ford Versalles
hasta el mismo lugar donde coincidencialmente habría de
darse el combate, a unos 100 metros del lugar y en
igual posición que el Oldsmobile. Debajo de unos
cocoteros, ligeramente oculto y con buena visibilidad
del espacio por donde debían venir los vehículos. Dejó
el vehículo encendido, la pistola Luger ‘sobá’ y
repasando en su mente cómo actuaría en caso de que
Trujillo lograra escapar de la emboscada de los dos
primeros vehículos.
9:40 p.m. En casa de Angelita Trujillo
Trujillo estaba visitando a su hija Angelita luego de
pasar por la casa de su madre. La casa de su madre
estaba donde hoy se encuentra
la Universidad APEC,
en la Máximo Gómez con México. Ya se
está despidiendo de su hija y el reloj marca las 9:30
cuando aborda el vehículo Chevrolet Belair conducido por
el capitán Zacarías.
Angelita: ¡Papá, cuídese!
Trujillo: Ustedes son los que tienen que cuidarse. Yo
estoy muy bien. ¡Zacarías, a San Cristóbal!
Zacarías: Sí, Jefe. Ah, Jefe, usted me perdone… Yo estoy
medio preocupado con la escolta, que no esté ahí…
Trujillo: ¡Capitán, ocúpese de sus asuntos! Carajo, pero
ahora si es verdad con todo el mundo opinando (gruñó
entre dientes).
9:45 p.m. En
la Avenida George Washington
No se habló más nada. El Chevrolet Belair azul se
desliza calle abajo por la Máximo Gómez, lentamente, no hay
prisa. Zacarías conoce bien a su jefe y sabe que no debe
conducir rápido en esas circunstancias. Llega a la
avenida George Washington y ya se aproxima a los
alrededores de
la Feria cuando Trujillo mira el reloj
con las 9:44 y mira hacia el hospital Angelita (hoy
lleva el nombre de Robert Reid, en honor al médico que
apoyó la conjura contra Trujillo). Entretanto, el carro
de caza ya está ubicado próximo a la esquina donde hoy
se encuentra la Dirección de Pasaportes, en el
Centro de los Héroes. Los ocupantes del vehículo están
agarrados con la vista a
la Avenida y
alcanzan a ver el Chevrolet Belair azul.
Amadito: ¡Ese es! ¡Es el carro de Trujillo!
(al instante Imbert enciende el vehículo y las luces).
El capitán Zacarías divisa las luces de ese vehículo
cuando son encendidas y siente algo raro, pero no le
dice nada al Jefe, apenas mira las dos ametralladoras
Thompson que lleva preparadas en el piso del carro a su
lado. Aumenta a
60 km/h. Trujillo viene observando
los edificios de
la Feria de
la Paz que albergó
un evento internacional en el 1955. El tirano va
despreocupado, hace a un lado su maletín personal con
las siglas R.L.T.M., lleno de miles de pesos nuevecitos.
Le incomoda el revólver 38 que lleva en el bolsillo
derecho del pantalón, lo saca y lo pone a un lado del
asiento trasero, levanta la mano izquierda y la coloca
en el costado del sillón. El Chevrolet Byscaine ha
comenzado a avanzar hacia la avenida del Malecón.
Amadito: ¡Coño es él!
Antonio: Imbert, acuérdate de apagar y encender las
luces como te dije, no hagas cambios de luces, sólo
enciende y apaga, Amadito ve tomando posición, acuérdate
lo de las gomas, sólo tirale a las gomas después que yo
haga el primer disparo. Ojalá que esta maldita escopeta
no se tranque ahora. Ahí va el hombre, ¡que no se te
vaya Imbert!
Imbert: Cóño, allá vamos, no se apuren que
a mí no se me va…
Son las 9:50 en el reloj de Antonio de
la Maza
Llegó la hora, el carro de Trujillo
pasa frente al carro con el grupo de conjurados. El
carro de caza avanza, primero lentamente para no
levantar sospechas. Zacarías mira por el espejo
retrovisor y advierte que un carro acaba de entrar a la
avenida y viene detrás de ellos, decide aumentar la
velocidad a 80 km/h. Trujillo advierte la acción
de Zacarías, lo mira pero no dice nada, solamente
bosteza un par de veces y mira hacia el lado derecho
llegando a la Feria Ganadera. Advierte
inquietud en Zacarías.
Trujillo: ¿Qué le pasa, Zacarías?
Zacarías: Jefe, es que ahí viene un vehículo, pero no
acaba de pasar…
Entretanto, dentro del carro de caza.
Antonio: Oye Imbert, apaga y enciende no hagas cambios
que ya estamos llegando a donde estan los otros…
En el segundo carro donde estan Pedro Livio y Huáscar.
Pedro Livio: Enciende Huáscar, que esos dos carros
tienen que ser ellos…
Huáscar: Pero no veo los cambios de luces…
Pedro Livio: Son ellos, coño, son ellos… ¡Dale que se va
el cabrón!
Huáscar avanza y da vuelta a toda velocidad, cuando los
dos carros pasan por su lado hacia San Cristóbal. El
carro de Trujillo va por la derecha de la autopista y
por la izquierda se le acerca el carro de caza. La
distancia se acorta. Tranquilidad en el carro de
Trujillo, tensión en el carro de los conjurados. Antonio
toma posición con la escopeta recortada, con cartuchos
rellenos de bolas de acero en lugar de perdigones y con
doble carga de pólvora. Amadito rastrilla
la M-1 y toma posición, es zurdo y eso
le facilita una buena posición desde el lado derecho del
vehículo. Antonio inicia el ataque con su grito de
guerra.
Antonio: Trujillo, soy yo Antonio de la Maza… ¡Te llegó tu hora!
Dispara certeramente con la escopeta impactando en el
brazo y el pecho del tirano, llevándose de encuentro el
vidrio trasero y la ventanilla lateral del carro.
Zacarías intenta dar un giro, pero Amadito ya está
disparando a los neumáticos perforando el izquierdo
trasero. El chofer de Trujillo pierde el control del
carro y va a parar a un lado de la autopista. Antonio
apunta a Zacarías, pero la escopeta se encasquilla y
pierde unos segundos tratando de apuntar con la carabina
M-1, lo que da tiempo a Zacarías para armarse con la
ametralladora Thompson. En la confusión, el carro de
caza se va adelante del carro de Trujillo, pero frena y
se devuelve, ahora los dos vehículos estan frente a
frente y se inicia un fuerte intercambio de disparos.
Zacarías llama a Trujillo, pero éste está terriblemente
herido con el brazo izquierdo desecho y sangrando
profusamente de la boca por el impacto de una bola de
rodamiento de acero que le destruyó parte del mentón. Al
verse acorralado, el tirano hace un esfuerzo de salir de
la emboscada, cuando Zacarías intenta devolverlo para
adentro del carro al tiempo que dispara hacia los
atacantes. Trujillo tiene un pie afuera y Zacarías
recibe el primer impacto de bala, por lo que dispara una
ráfaga de tiros, agarra la otra metralleta, sale del
vehículo y se escuda con la puerta disparando a
discreción.
Antonio: Están disparando mucho, hay que salir de
Zacarías. Amadito, concentra el fuego en Zacarías. Yo
voy a otra posición. ¡Imbert y Salvador, cúbrannos!
Antonio de la Maza se ubica en una nueva
posición de tiro desde donde pueda poner fuera de
combate al chofer de Trujillo, que dispara como una
fiera. Es así como desde el ángulo derecho del carro de
Trujillo, Antonio dispara a Zacarías por debajo del
vehículo alcanzándolo en las piernas y este intenta
rechazar la acción cuando el fuego cerrado de Imbert y
Amadito lo impactan, cayendo entre unos arbustos a su
lado izquierdo. Lo dan por muerto. Amadito está herido
en un pie y lo mismo Imbert, menos Antonio y Sadhalá. En
ese instante llegan Huáscar y Pedro Livio, quien se baja
del vehículo empuñando
la M-1, al acercarse al carro de
Trujillo se oyen dos disparos y uno de ellos lo impacta
en el pecho tumbándolo al pavimento, ahí ve a Trujillo
tratando de levantarse recostado en el Chevrolet y dando
tumbos, herido y sin posibilidad de disparar llama a
Huáscar.
Pedro Livio: Coño, me dieron… Huáscar, miralo ahí,
tírale que se va…
Huáscar avanza con el Oldsmobile hacia la silueta del
tirano y lo impacta lanzándolo al frente de su carro. El
tirano no se mueve. Antonio se acerca, pistola en manos,
rastrilla, apunta y dispara al pecho de Trujillo. El
cuerpo está inerte. Imbert llega y también le dispara al
cuerpo sin vida del tirano. Sadhalá auxilia a Pedro
Livio. Es cuando llega Roberto Pastoriza, quien ha oído
los disparos. En ese momento aparece un vehículo que
viene desde la Feria Ganadera y Sadhalá
apunta y hace dos disparos, lo que hace que el vehículo
dé marcha atrás, gire y se devuelva por donde vino.
Antonio: ¡Por fin, salimos de este loco!
Sadhalá: Hay que irse de aquí rápido, Pedro Livio está
malherido.
Antonio: ¿Qué carro era ése que se devolvió?
Sadhalá: Debe ser del SIM, le tiré pero no lo alcancé.
Antonio: ¿Dónde está Zacarías?
Imbert: Está ahí, muerto.
Antonio: Bien, ahora hay que encontrar a Pupo Román.
Sadhalá: El general Pupo debe estar preparado y Amiama
Tió debe estar junto con él.
Antonio: ¿Qué te pasa, Amadito, te dieron?
Amadito: Tengo una herida en el pie, pero sigamos…
Antonio: Fifí agarra por ahí, vamos a meter el cuerpo de
Trujillo en el baúl de mi carro, Imbert ve ábrelo.
Sadhalá: ¿Qué vamos a hacer con Pedro Livio, está muy
mal?
Antonio: Lo que habíamos tratado, el que salga mal
herido…
Sadhalá: No estoy de acuerdo…
Antonio: Hagan lo que les parezca, total Trujillo ya
está muerto…
El acuerdo era que quien saliera herido en la acción
sería inmediatamente ejecutado por los compañeros, sin
embargo en ese momento algunos se opusieron a la
ejecución de Pedro Livio Cedeño, herido por una bala
perdida. Había finalizado con éxito el plan de acción
para eliminar físicamente al tirano. Ahora faltaba poner
en camino el golpe de Estado. Eran las 10:15 de la noche
cuando abandonan el teatro de los hechos, en el
kilómetro diez de la hoy autopista 30 de Mayo.
El carro de Trujillo fue dejado a un lado de la vía,
cercano estaba moribundo el capitán Zacarías de
la Cruz, herido en las piernas, el
torax y la cabeza, pero con vida aún alcanzó a oír la
conversación de los ajusticiadores del tirano. Roberto
Pastoriza había dejado el Ford Versalles de Sadhalá a un
lado de la avenida por desperfectos. Los conjurados
habían puesto el cadáver de Trujillo en el baúl del
carro de caza. En el Oldsmobyle regresaban Pedro Livio,
Pastoriza y Huáscar al volante. En el carro de caza van
Imbert, quien maneja, Antonio de
la Maza, Sadhalá
y Amadito. Silencio total. Habían cumplido la gran
misión. Antonio llegó a recordar una casualidad.
Antonio: Caramba, hoy estamos a 30, un día como hoy, el
30 de mayo del 1930, Trujillo llegó al poder. Pero ya se
le acabó. ¡Nunca más!
Falla el golpe de Estado
10:10 P.M. Sorpresa en la Avenida
La primera parte del plan contra el
régimen trujillista se había cumplido. Antonio de la Maza da la orden de partir de allí.
Roberto Pastoriza se une al grupo. Pedro Livio Cedeño,
herido, es ayudado por Salvador Estrella Sadhalá.
Antonio Imbert Barrera está herido. Huáscar Tejeda se
dispone a recoger algunas armas y a colocarlas dentro
del Oldsmobile, y el teniente Amado García Guerrero,
también herido en el talón del pie derecho, se dispone a
partir de allí. Trujillo yace en el pavimento sobre un
charco de sangre.
Antonio: Fifí, ayúdame a meter este bastardo en el baúl.
Pastoriza: Coño, pero ustedes lo volvieron un guayo…
Antonio: Hoy, fue él quien perdió…
Sadhalá: Muchachos, Pedro Livio se puede salvar…
Pedro Livio: ¡No jodas! Salvador, que Antonio y yo
tenemos un acuerdo de hombres…
Salvador: El acuerdo será entre ustedes, yo no sé de
eso… Trujillo está muerto y tú tienes que disfrutar de
esta libertad ahora…
Antonio: Arréglensela como ustedes quieran. Rematen a
Zacarías.
Amadito: Despreocúpate, que ya le di un tiro en la
cabeza.
Aquel disparo rozó la parte superior de la cabaza de
Zacarías. El chofer de Trujillo se hizo el muerto, al
verse terriblemente herido en el addomen y las piernas.
Aún así pudo escuchar los nombres de Pupo Román y Juan
Tomás Díaz. Su reacción ahora era escapar del cerco, no
enfrentar al grupo, pues estaba en desventaja. Su
instinto de supervivencia lo llevaron a decidirse por
hacerse el muerto, pese a que mantenía cerca de sí la
ametralladora Thompson.
Antonio: ¡Bueno, ahora muévanse rápido! Huáscar, llévate
a Amadito.
Sadhalá: Pedro Livio se va con nosotros.
Antonio: Entonces hazte responsable de él. Imbert, yo
manejo, nos vamos para donde Juan Tomás.
Roberto Pastoriza se ve en dificultades cuando al Ford
Mercury de Sadhalá le falla el encendido. Acto seguido
alcanza a Huáscar, que ya está dirigiendo el Oldsmobile
hacia la capital.
Pastoriza: El carro ese falló, lo voy a dejar ahí…
Huáscar: Tenemos que dejar el lugar, después lo
vendremos a buscar. ¿Amadito, cómo estás?
Amadito: No se preocupen por mí. Yo estoy bien.
Amadito tenía el tobillo y parte del talón del pie
destruido. El dolor era terrible, pero la bilirrubina
estaba alta y le ayudaba a aguantar. Numerosas imágenes
le pasaban por la cabeza, y en cierta medida se sentía
satisfecho de la acción. En el Chevrolet Byscaine iban
Imbert Barrera, Antonio de la Maza al volante, Salvador Estrella
Sadhalá y Pedro Livio Cedeño, y en el baúl el cadáver de
Rafael Leonidas Trujillo Molina. Por su lado, el capitán
Zacarías de la Cruz, chofer de Trujillo, al sentir los
ruidos de los carros partiendo y alejándose, se dirigió
hacia la carretera Sánchez por el kilómetro siete y
medio, donde fue auxiliado. 30 minutos después estaba en
la mesa de operación del hospital militar George Marión.
Ya allí es interrogado por el coronel Roberto Figueroa
Carrión, jefe del Servicio de Inteligencia Militar.
Detienen el inicio de la operación y le cuestionan sobre
el paradero de Trujillo.
Figueroa: Capitán Zacarías, ¿dónde está Trujillo?
Zacarías: El Jefe fue asesinado y se lo llevaron gente
de Pupo Román, señor.
Figueroa: Ya sabemos que hubo un tiroteo, yo vengo de
allá y encontramos el carro del Jefe, hay sangre y
también hay un vehículo de Salvador Estrella Sadhalá.
Zacarías: Entre la gente que yo reconocí estan Antonio
de la Maza,
Imbert Barrera, y también el teniente Amado García
Guerrero….
Figueroa: ¿Cómo? ¿Y qué es lo que está pasando? ¿Usted
no mató a nadie?
Zacarías: Yo tiré con todo lo que tenía, pero eran
muchos uno de ellos yo sé que lo herí cuando se me
acercó por atrás y agarró a Trujillo, cuando sacaba al
Jefe, ahí mismo le metí un tiro en el pecho, pero
después no sé qué me pasó, sólo oí cuando ellos se iban
que tenían que dar un golpe de Estado o algo así…
Figueroa: ¿Usted oyó bien? ¿Un golpe de Estado?
Médico: Disculpe coronel, pero si no lo opero ahora este
hombre se puede morir…
Figueroa: Cállese, carajo, usted no ve que es del Jefe
que se trata, coño, quíteseme de ahí. Dígame, Zacarías,
¿qué es eso de un golpe de Estado?
Zacarías: Coronel, eso fue lo que yo oí cuando decían
que Pupo Román debía dar el golpe de Estado, ¡ah!
también oí el nombre de un tal Modesto, otro Tió…
El coronel Figueroa Carrión establece los mecanismos de
seguridad y avisa al SIM y a Negro Trujillo.
10:30 P.M. En casa de Pupo Román
El mayor general José René Román Fernández, secretario
de las Fuerzas Armadas, se prepara para acostarse cuando
llega el coronel Arturo Espaillat, alto jefe del SIM.
Pupo: ¿Qué le trae por aquí, coronel?
Espaillat: General, ¡emboscaron a Trujillo!
Pupo: ¿Está seguro?
Espaillat: Sí, general. Yo quise intervenir, pero me
cayeron a tiros, y yo estaba solo con mi esposa. Así que
vine directo donde usted…
Pupo: ¿Alguien más sabe de esto?
Espaillat: De seguro que sí…
Pupo: ¿Dónde ocurrió?
Espaillat: En
la Avenida, después de la Feria Ganadera. Voy a avisar
al SIM…
Pupo: No, no, espéreme, que vamos para allá. Déjeme
cambiarme…
Pupo Román quiere tiempo para reaccionar. Llama a la
casa de Amiama Tió, pero no lo consigue. La noticia, si
era verdad, alguien lo llamaría. Espera unos minutos, se
da tiempo a ver si su compadre Amiama Tió lo llama, pero
no ocurre nada. No sabía cómo actuar en aquella
situación. Estaba enrolado en la conspiración para dar
el golpe de Estado, pero no sabía cómo se eliminaría a
Trujillo ni cuándo, sólo pidió ver el cadáver del tirano
para entonces entrar en acción. El estaba allí parado,
estático, y los minutos se hacían horas interminables.
Había comprometido a varios de sus subalternos que le
eran fieles en caso de que algo pasara con Trujillo. Su
esposa lo hizo reaccionar, cuando de pronto la oyó
hablar con Espaillat. Entonces llama a la jefatura y
ordena acuartelamiento. Entretanto, su esposa Mireya
García, sobrina de Trujillo, ya está recibiendo la
noticia de boca de Espaillat.
Mireya: Ay, Dios mío, no puede ser, no te lo creo. ¡Qué
tragedia! Voy a llamar a Tío
Negro. ¿Qué tú vas a hacer, Pupo?
Pupo: Llamé a Negro, pero no está, así que mandé a
acuartelar al ejército. Mire coronel, preséntese ante
sus superiores y que esperen mis órdenes, principalmente
al coronel Figueroa Carrión, que no se mueva sin una
orden mía.
Espaillat: Sí, señor.
Mireya (quien se ha comunicado con Negro Trujillo): Tío
Negro, soy yo, Mireya. Es que aquí vinieron con que un
grupo de traidores atacó a tiros al Jefe. ¡Pupo, Pupo,
ven! ¡Es tío Negro! ¡Ay Dios, Virgen de la Altagracia!
Pupo: ¡Estoy dando las órdenes! Ya ordené el
acuartelamiento de todas la tropas! ¿Cómo, Zacarías
herido? Pero debieron de haberme llamado primero… Bueno,
¡salgo para allá!
En la casa de Juan Tomás Díaz
Huáscar llega primero a la casa por la parte de
la César Nicolás Penson. Dando la
noticia y partiendo inmediatamente. Juan Tomás y Modesto
son advertidos y salen en procura de Luis Amiama Tió y
Pupo Román. Antonio de la Maza entra conduciendo el vehículo por
la parte que da a
la Moisés García. De la casa sale el
doctor Bienvenido García Vásquez.
Antonio: Oye Bienvenido, llámame a Juan Tomás.
Bienvenido: Pero él no está aquí.
Imbert: ¿Cómo que no está, y dónde está él?
Bienvenido: Salió junto con Modesto.
Antonio: ¿Quieres ver el cadáver?
Bienvenido: No, no…
Antonio: Mira, Bienvenido, tenemos a Pedro Livio muy
malherido y necesitamos un médico de confianza. ¿Tú
conoces a alguno que lo pueda curar?
Bienvenido: Voy a tratar.
Antonio: Llamen a los otros, principalmente a Angel
Severo Cabral y a Ovín, que lo localicen.
Quince minutos después vuelve Bienvenido García Vásquez
con el doctor Marcelino Vélez Santana, quien examina la
herida de bala de Pedro Livio Cedeño.
Marcelino: Tú estás muy mal, Pedro Livio, esa bala casi
te parte el corazón.
Antonio, él tiene que ser operado rápidamente, ha
perdido mucha sangre.
Antonio: Eso empeora nuestra situación, él no va a
ninguna clínica. Mira, llévatelo tú y déjalo por ahí…
Sadhalá: No, no, no. El tiene que operarse, que no se
muera, Pedro Livio ha luchado mucho por esto y no puede
ser que muerto Trujillo nosotros seamos los que
disfrutemos de esta libertad…
Antonio: Mira Salvador, yo soy quien manda aquí y hay un
acuerdo. No jodas más con eso. Marcelino, ve a ver lo
que ustedes hacen, te lo dejo a ti. Resuelve tú.
11: 00 P.M. En las calles de Gazcue
Se llevan a Pedro Livio Cedeño en su propio carro.
Juntos, Bienvenido García Vásquez, Marcelino Vélez
Santana y el chofer de confianza, Mirito.
Marcelino: Hay que salvar a Pedro Livio, ¿qué tú crees?
Bienvenido: Bueno, estamos cerca de
la Clínica
Internacional, yo conozco al director
de ahí, el doctor Damirón…
Marcelino: Sí, yo lo conozco, pero es mejor que yo no
baje. Vamos para allá, Mirito dale…
11:10 P.M. En la clínica Internacional, en
Gazcue
Una vez en la Clínica Internacional,
ubicada en la calle México, a una cuadra de
la Secretaría
de Finanzas, Bienvenido García contacta al doctor José
Joaquín Puello.
Puello: El doctor Damirón se fue a su casa, pero dígame
en qué le puedo ayudar…
Bienvenido: Que venga Damirón, pero mientras tanto
ayúdame con un amigo que tengo ahí herido…
Puello: Espérese, déjeme buscar una camilla.
Instantes después llega el doctor Arturo Damirón Ricart.
Y Bienvenido, que había salido a la casa de Juan Tomás,
vuelve y se encuentra con el cirujano.
Damirón: Bienvenido, ven acá, Pedro Livio está con esa
herida de bala, al chofer de Trujillo lo están operando
en el Marión…
Bienvenido: ¿Cómo? ¿Ese hombre está vivo?
Damirón: Yo voy a operar a Pedro Livio.
Presentes en la clínica estaban los doctores Abel
González y Luis Despradel Brache. Pero la noticia de
este herido corrió como pólvora y en menos de una hora
se presentaron Petán Trujillo, Johnny Abbes y Roberto
Figueroa Carrión. Pedro Livio es el primer preso de la
acción contra Trujillo.
11:00 P.M. En el consulado norteamericano
El primer revés del golpe de Estado.
El cónsul norteamericano en el país, Harry Dearborn,
está dirigiendo un mensaje en clave hacia Washington. En
ese mensaje da cuenta de la muerte violenta de Trujillo.
Pide orden de acción. Se le ordena no tomar ninguna
acción, únicamente resguardar a los agentes de la CIA y no entrar en contacto con los
autores del complot contra Trujillo.
11:00 P.M. En la casa De Pupo Román
Pupo iba para la residencia de Juan Tomás, ubicada a
unas cinco cuadras de la suya, cuando al pasar por el
frente de su casa advierte la llegada de su cuñado,
Ramón Menéndez, y se detiene.
Pupo: Ramón, parece que pasó lo peor.
Mireya, llámame ahí a Santiago, al general César Oliva.
Mireya: ¿Pero qué pasó con Tío Trujillo? Aquí te llamó
Figueroa Carrión, Johnny Abbes, tío Negro y nadie me
dice nada… ¡Ah! También te estuvo buscando Luis Amiama
Tió…
Pupo: Pásame el teléfono (se comunica con el general
Olivo, comandante del ejército en Santiago). Olivo, soy
yo Pupo, acuartela a tu tropa que acaba de pasar algo
aquí, lo más grande que te puedas imaginar. Mireya, me
voy a la base.
Sin embargo, ya sus órdenes no eran cumplidas, pues se
estaba en conocimiento de la citación de su nombre en el
interrogatorio a Zacarías, en su lecho del hospital
militar Dr. George Marión, hacía apenas unos minutos, y
Espaillat lo seguía de cerca. Pupo sale para la base 18
de Diciembre (hoy Sans Soucí). En el trayecto intenta
detenerse en la casa de Juan Tomás Díaz cuando advierte
que un carro le sigue detrás sospechosamente, así que
pisa el acelerador y se dirige hacia su oficina cruzando
el Puente Radhamés (hoy Puente Juan Pablo Duarte), única
vía de acceso sobre el río ozama. Luego de pasar el
puente advierte que los esbirros del SIM ya están
tomando posición para tomar control en la parte oriental
de acceso, pero sigue raudo para la base. Mira por el
espejo retrovisor y ya nadie lo sigue. Una vez en su
oficina llama al entonces Presidente de la República, doctor Joaquín
Balaguer, y a Negro Trujillo.
Pupo: Negro, ya estoy en la base, es mejor que tengamos
una reunion aquí lo más rápido posible…
Negro: Quédate ahí, no te muevas. ¡Ah! Y no
me llames a más nadie, que yo tengo todo bajo control.
Negro Trujillo ya tiene la información que le dieran del
interrogatorio a Zacarías. Pupo no sabe nada. Piensa en
llevar a cabo su plan de tener bajo control a Balaguer y
lo invita a una reunión en su despacho.
Pupo: Señor Presidente, tenemos una reunión de
emergencia en la base, así que es mejor que usted se
presente aquí…
Balaguer: Mire Pupo, usted sabe bien que mi
lugar es aquí en el Palacio Presidencial, así que esa
reunión debe hacerse en la Presidencia. Los
espero aquí (y le cuelga el teléfono).
Ya en su despacho, Pupo está recibiendo a la alta
oficialidad. De alguna manera se percata que algo no
funciona bien, pues cada orden que da es consultada
entre ellos mismos. Son ya las 11:30 de la noche.
11:15 P.M. En casa de Juan Tomás
Díaz
Marcelino Vélez Santana y Bienvenido García Vásquez
vuelven y se encuentran con el grupo en el patio.
Antonio: ¿Dónde dejaron a Pedro Livio?
Marcelino: Está en buenas manos, en la Clínica Internacional.
Visiblemente malhumorado por esa
acción, llama al médico.
Antonio: ¡Ah! Espérate un momento, ven acá quiero que
veas el cadáver de Trujillo…
Antonio de la Maza le muestra a Marcelino el cadáver
del tirano colocado en el baúl del Chevrolet Byscaine.
El doctor Marcelino Vélez Santana era un amigo de
confianza de Antonio de la Maza y sabía del complot, pero nunca le
pasó por la cabeza que alguna vez en su vida tendría que
ver aquella escena y mucho menos ser el primer médico en
auscultar el cuerpo del tirano y verificar que estaba
muerto. En medio de toda la espectación del grupo de
hombres allí reunidos tenía que pronunciar aquellas
palabras lapidarias que tranquilizaron a los presentes.
Antonio de
la Maza, Imbert Barrera, Estrella
Sadhalá y Pedro Livio Cedeño, jadeantes pero atentos,
miraron cada movimiento del médico. Marcelino auscultó
el cuello presionando ligeramente para constatar que no
había movimiento de circulación de sangre por la vena
aorta. El cadáver presentaba el mentón destruido, el
lado izquierdo superior de la cara hundido, y
perforaciones de bala en todo el torax y en el brazo
izquierdo. Ellos estaban seguros de que el tirano yacía
muerto, pero por una sensación indescriptible de
sentirse aún más seguros querían la constatación de
aquel médico. Finalmente, el doctor Marcelino Vélez
Santana se retira unos pasos, siente las miradas, y casi
se “engranoja” cuando pronuncia aquellas lapidarias
palabras.
Marcelino: ¡Está muertecito!
Todos los presentes, al oír aquellas palabras, menearon
sus cabezas en un gesto de sí, y a partir de ahí sus
caras se tornan tranquilas, no de satisfacción, sólo de
calma. La respiración de momentos atrás había cambiado
por una normal. De cierta manera se sienten seguros y
calmados. El tirano estaba muerto, “muertecito”, y nada
lo podría revivir.
Antonio: ¡Yo sabía! Ese tiro de gracia se lo dí yo.
Entre dientes y para sí hablaba sin que los otros
pudieran oír claramente lo que decía Antonio. Cada uno
reflexionaba aquel momento. En eso llega Juan Tomás
Díaz. Antonio quiere mostrarle el cadáver, pero Juan
Tomás se niega.
Antonio: El hombre está muerto. Ahora les toca a
ustedes, hay que traer a Pupo Román para que comience el
golpe de Estado.
Juan Tomás: Pupo no aparece…
Antonio: Coño, pero no me digas una cosa
así. ¿Y qué hay de Luis Amiama Tió?
Juan Tomás: Anda buscando al hermano de Pupo…
Antonio: ¡Anda pa’ el carajo! Se
apendejearon toditos… Allá abajo, con los tiros, se
volvieron una mantequilla y ahora ustedes también… No
sea pendejo…
Juan Tomás: ¡No me eches vaina, Antonio! Ya
tú hiciste tu parte… ahora nosotros haremos la nuestra.
Pero no es tan fácil, un golpe de Estado es cosa seria…
Antonio: Pero es que nadie está cumpliendo
los acuerdos del complot, ¡toditos se han ido en mierda!
¿Y quién entrará ahora en contacto con
la CIA?
Juan Tomás: Angel Severo Cabral debe estar
avisado y también debe irse a la radio a pronunciar la
proclama… No te preocupes, Antonio…
El día 30 de mayo Angel Severo Cabral y su esposa
cumplen 25 años de unión matrimonial y lo celebran en su
hogar. Es Ovín Filpo quien llega con la noticia y salen
a poner en marcha la parte del plan que les toca. Aunque
se procura al cónsul norteamericano, Henry Dearborn,
inexplicablemente éste no responde al llamado de los
conjurados. Asimismo, no se puede hacer contacto con
Stocker, ni con Lorenzo Berry, ni mucho menos con el
jefe de la CIA en el país.
Juan Tomás: Yo mandé a mi familia a un escondiste. Ahora
lo que deberíamos hacer es desaparecer de aquí hasta que
aparezca Pupo. Ya he visto muchos movimientos raros de
la gente del SIM por aquí….
Antonio: Qué vaina es esa Juan Tomás, qué
tú estás hablando de esconderse… Yo no me escondo,
¡carajo!. Toditos ustedes se han vuelto mantequilla.
¡Aquí hay que coger para el Palacio y asaltarlo!
Juan Tomás: Pero tú te estás volviendo
loco, Antonio…
Antonio: Bueno, hasta solito me voy…
Modesto: Antonio hay que esperar la acción
de Pupo…
Antonio: No, esto está muy lento.
Tió: Sí. Pupo no está respondiendo y no
podemos hacer contacto con él, pero ir al Palacio no
resuelve nada.
Antonio: Yo estoy con que cojamos para
allá, ¿quién me acompaña?
Salvador: Antonio, esto no es así, ya
acabamos con Trujillo, déjalos a ellos actuar, déjalos
que hagan su parte…
Juan Tomás: Antonio, tú crees que a mí no
me agrada esa idea, claro, pero nos matarían a todos…
Antonio: Como va la cosa nos matarán uno a
uno… Yo voy a averiguar dónde está Pupo…
Antonio De
La Maza, no se equivocó. Los
ajusticiadores directos del tirano habrian de morir
asesinados y en enfrentamientos con los remanentes del
trujillismo.
11: 45 P.M. En el palacio
presidencial
El mayor general Pupo Román llega al Palacio acompañado
de su escolta. Envía un emisario a la casa de Juan Tomás
Díaz, el cual es seguido por agentes del SIM y detenido
al llegar a la calle Rosa Duarte. Cuestionado allí mismo
dice que llevaba un mensaje de Pupo a la casa de un
amigo de él, el general retirado Juan Tomás Díaz. Los
agentes lo detienen y avisan por radio a sus superiores
de la acción de un subalterno de Pupo. El SIM no le
informa a Pupo de la detención de su emisario. No hay
ningún contacto y las horas avanzan. El cuerpo de
Trujillo no se encuentra. Pupo se entera de que agentes
del SIM encontraron una pistola 45 en el lugar de la
emboscada al carro de Trujillo, ya se sabe que pertenece
a Juan Tomás Díaz, también ya se identificó el
propietario de un Ford Mercury, es de Salvador Estrella
Sadhalá. Hacia la medianoche los cuerpos de seguridad
del régimen tienen varios nombres de sospechosos:
Salvador Estrella Sadhalá, Juan Tomás Díaz, Pedro Livio
Cedeño y el mismo Pupo Román, el militar de mayor rango
después de Trujillo y jefe de las Fuerzas Armadas. Pupo
ya estaba bajo vigilancia, cada uno de sus pasos era
seguido de cerca. Ya todos los hermanos del tirano se
encontraban alerta. Ramfis, hijo del tirano y jefe del
Estado Mayor conjunto de las Fuerzas Armadas, se
encontraba fuera del país, pero ya había sido localizado
y pedido su vuelta inmediata desde Europa. Llegaría al
amanecer del 31.
Los conjurados tenían dos elementos en contra del plan
para el golpe de Estado. El primero, la CIA había sacado sus manos, dejándolos a
su suerte, y lo que es peor: no se lo habían informado a
los complotados. Y segundo, el principal militar que
debía realizar movimientos de tropas a favor del golpe
de Estado contra el régimen trujillista estaba aislado
de los mandos de poder.
12:15 A.M. En casa de Juan Tomás Díaz
Juan Tomás Díaz, Antonio de la Maza y el doctor Marcelino Vélez Santana
inician una búsqueda intensa de sus contactos,
alejándose de la casa de Juan Tomás. Cuando deciden
volver se encuentran con movimientos extraños de agentes
del SIM. Es medianoche.
Entre medianoche y cuatro de la mañana, en Gazcue
En las cuatro horas siguientes los heridos en la
refriega habían sido atendidos por médicos amigos. El
doctor Manuel Durán Barrera auxilió al teniente Amado
García Guerrero y a Antonio Imbert Barrera, de quien era
primo hermano; Estrella Sadhalá fue socorrido por el
doctor Rafael Arturo Batlle Viñas, reconocido
antitrujillista.
Luis Amiama Tió procuró donde esconderse al ver el fallo
de las primeras acciones para el golpe de Estado. Juan
Tomás Díaz y Antonio de
la Maza, junto a Marcelino Vélez
Santana, son ayudados por el doctor Robert Reid en su
residencia ubicada en la calle Cervantes esquina
Santiago.
Huáscar Tejeda procura ayuda con sacerdotes amigos y
Roberto Pastoriza con amigos de la embajada de Italia en
el país. A las cuatro de la mañana del 31 de mayo del
1961 es encontrado el cadáver de Trujillo en el baúl del
Chevrolet de Antonio de
la Maza, estacionado en el garaje de la
casa de Juan Tomás Díaz (calle César Nicolás Penson 63,
en Gazcue). Ninguno de los conjurados se encontraba en
el lugar. Sin comunicación entre ellos, todos los
miembros principales del complot estaban en desbandada.
Fue así, como efectivamente había pronosticado Antonio
de la Maza,
que irían cayendo uno a uno.
10: 40 P.M. En el barrio de Gazcue
Pupo recibe la confirmación de boca de Negro Trujillo,
hermano del tirano, quien ya está dando el alerta a los
mandos militares. Pupo llama a su hijo Alvaro para que
se prepare. Por su lado, el coronel Espaillat (alias
Navajita), quien tenía formación del West Point,
advierte que la conducta de Pupo no es la esperada en
estos casos. Supone que algo extraño estaba sucediendo,
así que decide seguirlo sin que éste lo sepa. Pupo
arranca en su carro desde su casa, ubicada en la esquina
de
la César Nicolás Penson con Máximo
Gómez (donde hoy se encuentra el consulado de los
Estados Unidos de Norteamérica), y en vez de dirigirse
hacia abajo por
la Gómez se dirige hacia el Este por la César Nicolás Penson, y al
llegar a la casa número 63 (la casa de Juan Tomás Díaz)
se detiene unos segundos, pero no ve a nadie. Espaillat
lo está siguiendo y ve cuando Pupo se dirige hacia la
avenida George Washington, cuando le va a seguir
advierte la llegada de un carro que entra velozmente a
la número 63. Asimismo, nota cuando un carro le pasa por
un lado dirigiéndose velozmente a la calle Moisés García
(calle paralela a
la César Nicolás Penson), pero le cae
atrás a Pupo. Ese carro que entra por
la Moisés García es el carro de caza
que lleva en el baúl el cadáver del tirano, y entra al
patio de la casa de Juan Tomás Díaz por la parte
posterior que da a esa calle. La casa tenía dos
entradas.
km. 8, Avenida George Washington
El segundo revés del golpe de Estado
Pupo llega al escenario de la muerte del tirano. En el
lugar ya están presentes agentes del SIM, quienes tienen
la orden de vigilarlo. Pupo advierte una actitud extraña
de parte de los esbirros de la tiranía en el sentido de
que le hacen poco caso. Arturo Espaillat llega y también
lo mira constantemente, como animal a su presa.
Pupo: ¿Sargento, qué han encontrado?
Sargento: El carro del Jefe está ahí y
también hay otro carro por allá…
Pupo: ¿Qué encontraron?
Sargento: Sólo los papeles del carro.
¿Usted no es el mayor general Román?
Pupo: Sí, soy yo. Reúname a todos los que
están aquí…
Sargento: Bueno, ya tenemos órdenes…
Pupo: ¿Quién?
Sargento: El coronel Figueroa. Llamó por
radio y dice que sólo él está al mando.
Pupo: Está muy bien eso. Dígale que me
llame por radio.
Pupo Román parte del lugar sin percibir que es seguido
por Arturo Espaillat. Toma el camino devuelta. En ese
instante llegan el coronel Jorge Moreno, jefe de la
escolta de Trujillo, junto al general Pou Leyva, y ven
partir a Pupo. Ya están sobreaviso, se desconfía de Pupo
Román y sólo se obedecen órdenes de Figueroa y Negro
Trujillo directamente.
Los acuerdos del complot eran los
siguientes:
1.- Eliminación de todo compañero que después de herido
no pudiera valerse por sí mismo.
2.- Fusilamiento de todos los hermanos del tirano,
excepto Héctor Trujillo (Negro), punto de vista
defendido por el general Díaz, pero a quien los De
la Maza
ejecutarían igualmente.
3.- La deportación de las hermanas del tirano y de sus
hijos, así como de la madre.
4.- (Este punto no fue autorizado a publicarse. El autor
respeta la fuente y pide disculpa al lector).
5.- La proclamación del general Díaz como jefe de la Fuerzas Armadas, cargo que
mantendría por tres meses.
6.- Si Balaguer se niega, se le llevaría a punta de
pistola al Palacio y se integraría una junta civil
gubernativa presidida por Modesto Díaz.
7.- El arresto y fusilamiento de varios personeros
militares (el autor sólo fue autorizado a divulgar los
nombres de Johnny Abbes, el coronel Roberto Figueroa
Carrión, el coronel Marcos Jorge Moreno y el coronel
Luis José León Estévez, entre otros).
8.- Declaración de propiedad del Estado de todos los
bienes de la familia Trujillo, las de sus personeros y
asociados, bajo el entendido de que todo asociado se
benefició de los abusos y de la explotación del Poder.
9.- El cierre de la frontera y la no admisión de
exiliados hasta tanto no se estuviese control de la
situación.
10.- El corte de las telecomunicaciones. (El contacto
era un español de apellido Martínez, quien sería
dirigido por Manuel de Ovín Filpo, también español).
Como mueren la mayoria de los heroes del 30 de mayo
A excepción de Luis Amiama Tió y Antonio Imbert Barrera,
murieron en combate desigual el teniente Amado García
Guerrero, el 2 de junio, en la casa de su tía, en
la San Martín casi esquina Leopoldo
Navarro.
Antonio de
la Maza y Juan
Tomás Díaz, el 4 de junio, en la calle Bolívar esquina
Julio Verne. En la masacre del 18 de noviembre, en la Hacienda María, son ejecutados
por Ramfis Trujillo: Roberto Pastoriza, Huáscar Tejeda,
Pedro Livio Cedeño, Salvador Estrella Sadhalá, Modesto
Díaz y Luis Manuel Cáceres.
Bajo tortura mueren todos los hermanos De la Maza: Mario y Bolívar en La Vega, Pirolo en la cárcel del
kilómetro 9 de
la Sánchez (en el Distrito Nacional),
Ernesto en la cárcel de La 40. El mayor general José
René Román Fernández, preso desde el 2 de junio, es
muerto a balazos por Ramfis el 12 de octubre, en
Hainamosa.
Miguel Angel Báez Díaz muere el 18 de julio de un ataque
cardíaco luego de ser torturados él y a su hijo, el
teniente Miguel Angel Báez, quien murió bajo torturas
inenarrables.
El doctor Robert Reid Cabral se suicida al verse
atrapado por los esbirros y conocer cuál sería su
destino. Se corta las venas en su casa y muere
desangrado antes de llegar a la Clínica Internacional.
Segundo Imbert, hermano de Antonio Imbert Barrera, muere
a balazos luego de ser sacado de la carcel de La Victoria.
Entre los sobrevivientes, gestores y de
acción de la gesta patriótica del 30 de mayo, viven aún
Antonio Imbert Barrera, Miguel Angel Bissié y Manuel de
Ovín Filpo. Luis Amiama Tió murió recientemente (1987).